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La Neta del Planeta: ¡Hasta siempre, prima Norma!

Karmelynda Valverde

¡Hasta siempre, prima Norma!

Ayer jueves se cumplió un mes exactamente de la partida de Norma Elena Vázquez Rodríguez, hacia el encuentro con su Señor y Salvador.

Cerró los ojos para siempre, con la paz reflejada en el rostro, esa paz que solo emana de un corazón sabedor de haber aceptado la gracia salvadora de Dios por medio de la fe en Jesucristo.

Tenía 55 años, Normita, habían disminuido en gran manera las defensas de su cuerpo, pero no la fe y la entereza de la guerrera que fue. Desde temprana edad dio muestras de su temple y valentía. Siendo la mayor de 7 hermanos, supo defender en más de una ocasión a su hermano None, quien fue además su compañerito de juegos. Nadie se podía meter con su hermano, sin que recibiera por lo menos un par de moquetes de la intrépida Normita. Fue una niña vivaracha, sonriente, juguetona, que lo mismo asistía a la Escuela Primaria Basilio Vadillo, que salía a vender tacos. La misma que llegó a convertirse en una hermosa jovencita, que al terminar la secundaria fue a Cacahuatepec a estudiar la Normal de Maestros. A los 22 años, una vez habiendo concluido su carrera magisterial, obtuvo su primera plaza en

Igualapa; fue en la época en que ella y mi primo Raúl Díaz Noriega, se conocieron en una ceremonia de clausura donde ambos habían sido padrinos. Él la había visto varias veces, le gustaba, y se acercó a hablarle con el pretexto de tomarle una foto con su ahijado ‘’con mi cámara que saca muy bonitas fotos y después se la llevo a su casa’’ le dijo como pretexto para volverla a ver. Eso sólo fue el inicio de una historia de amor que duró 34 años. Raúl fue su amor eterno y ella, un mes después de su partida, sigue siendo el amor de la vida del primo Raúl, su entrañable y amada compañera de vida. De esa vida que construyeron juntos, con un difícil, muy difícil comienzo juntos, que los hizo madurar como la pareja siempre unida que fueron. Unión que fue bendecida con tres hermosos y ejemplares hijos: Raúl Normita y Luigi, su Luigi, su niño, su chocoyote. Recuerdo haberla visto en una hamaca, ahí en su casa, ‘’criando’’ al pequeño Luigi. Sin duda era una mujer feliz, muy feliz, se le veía realizada con su familia, por algo no lo pensó dos veces para meter un permiso en el magisterio y dedicarse de tiempo completo a la crianza de sus hijos y atender a su amado esposo. Fue una madre al full, pero sobre todo fue una esposa 24 por 24, dispuesta a defender a sus retoños y su esposo, como una leona.

Fue una mujer muy sana…¡hasta que empezó a padecer de piedras en los riñones!…posteriormente su salud se fue deteriorando. Fueron meses, años, en que la insuficiencia renal fue avanzando, pero Norma luchaba, el amor por su marido e hijos, la mantenía motivada para no rendirse. Fue una lucha de años, en los que no la vi perder su sonrisa. Hace tres años, luego de una de sus crisis, quiso ver desde su balcón a su hermano None, quien era el presidente municipal y había ido a inaugurar la pavimentación de la Calle Juan García Jiménez, con su espléndida sonrisa de lado a lado, sin poder ocultar el orgullo que le producía ver a su hermano como la máxima autoridad municipal.

Felicidad inigualable también le provocó el nacimiento de cada uno de sus nietos: Raulito III, Luis, Romina y el pequeño Iker, hijo de su amada hija Normita, con quien llevaba una estupenda relación de amor y cercanía.

Días difíciles vivió en sus últimas semanas de vida, pero no perdió su entereza, y mucho menos su sonrisa. Meses después del trasplante de riñón, retomó las riendas de su hogar, consintiendo a sus amores. Incluso se metió nuevamente a cocinar para ellos. Luchó y siguió luchando hasta el último momento, pero supo someterse a la voluntad de papá Dios. Y se fue tranquila, confiada, amada. Ayer hizo un mes que partió con el Señor. Su esposo e hijos, su madre y hermanos la siguen extrañando, lloran por su ausencia física, pero sigue ella, la siempre risueña Norma, sigue viviendo en sus mentes y en sus corazones por siempre.






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