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La neta del planeta: ¡ Hasta siempre Arturo Luna!

‘’Y cuando yo me muera ni luz, ni llanto, ni luto ni nada más, ahí junto a mi cruz, tan sólo quiero paz’’: Alvaro Carrillo.

Cuando Arturo llegó a Ometepec, procedente de Azoyú, apenas si acompletaba el primer añito de edad. No muchos años atrás, sus padres, los siempre bien recordados don Isaac Luna Pantoja y su esposa doña Ernestina Basurto, habían salido de su natal Tlapa, con sus tres primeros hijos, Gilberto, Rafaela y José, para establecerse en Azoyú. Fue en la cabecera municipal de este costachiquense municipio donde doña Tinitita (como le llamábamos cariñosamente en Ometepec) se embarazó de Arturo, el chocoyote de la familia Luna Basurto, pero fue a darlo a luz en Tlapa, de donde toda la familia era originaria.

Y como uno no es de donde nace sino donde se hace, Arturo Luna Basurto siempre se sintió arraigado en cuerpo, corazón y vida al bello nido. Aquí creció, aquí estudió, aquí hizo muy buenas amistades de las que supo ganarse el cariño y el respeto.

Cuando yo nací, Arturo tenía ya 7 añitos, pero cuando comencé a tener uso de razón, (y esto fue de muy chiquitilla) él ya era un adolescente. Los Luna Basurto no habían nacido en Ometepec, pero rápidamente se habían ganado el aprecio y el respeto de los ometepequenses. Los de mi generación

crecimos, viendo el trabajo esforzado de los Luna Basurto, liderados, desde luego, por don Isaac.

Arturo no fue un muchacho reventado, parrandero o problemático, nooo, todo lo contrario, fue un chico siempre correcto, educado, respetuoso y muuuy trabajador.

Emanado de la cultura del trabajo, tuvo el mejor ejemplo en sus padres y hermanos mayores, quienes también fueron su inspiración para aprender a volar ya que tanto Beto como José eran pilotos aviadores. Incluso, aunque no fue su modus vivendi, llegó a comprar con mucho esfuerzo una avioneta, misma que cuando se la traía de México a Ometepéc, Toño García, un piloto amigo de los Luna Basurto, se le acabó el combustible y cayó en las faldas de una montaña, adelante de Tlapa, su tierra natal.

Con una herencia de trabajo y responsabilidad, Arturo, al igual que lo hicieron sus hermanos mayores, se abrió paso trabajando. Al igual que muchos paisanos ometepequenses, se trasladó a Pochutla para incursionar en el programa de Paludismo del que estuvo a cargo como Jefe de Zona, el Dr. Martín Baranda López, a mediados de los años 60. Después de esto se dedicó a la siembra de algodón. Y luego vendría MAGRO (Maquinaría Agrícola de Guerrero) con la que inició desde hace 25 años y que lo convertiría en el próspero empresario fue. Arturo no solo distribuía maquinaria agrícola, sino que se convirtió en fabricante de molinos de nixtamal por ejemplo, cañones para sistemas de riego, y su radio de acción para la comercialización de MAGRO ya era

a nivel nacional, surtiendo a varios estados de nuestro México.

El complemento perfecto para su vida, llegó con Victoria Jiménez, ‘’Toyita’’ con quien se unió en matrimonio hace más de 45 años, formando junto a sus tres hijas: Guadalupe, Verónica y Marisol, una hermosa familia que sólo la muerte pudo separar, físicamente.

‘’Hay ausencias que triunfan y la nuestra triunfó, amémonos ahora con la paz que en otros tiempos nos faltó’’

Hombre divertido, dicharachero, con un estupendo sentido del humor, tenía la gracia para contar ‘’chilitos’’ y toda clase de anécdotas. Le gustaba la bohemia, escuchar música de tríos, y obviamente el extinto compositor oaxaqueño, Álvaro Carillo, a quien tuvo oportunidad de conocer y tratar, fue uno de sus compositores favoritos.

El año pasado, Gilberto el hermano mayor se les adelantó dejando sumidos en un profundo dolor a sus dos hermanos menores: José y Arturo. Y no es una frase hecha, me consta del entrañable amor que se profesaban los tres hermanos Luna Basurto, quienes años atrás perdieron también a Rafaela, su única hermana. Y coincidentemente a unos días después de haberse cumplido el año de la ausencia física de su hermano Gilberto, se va Arturo, dejando igualmente sumidos en el dolor a su hermano José, a su esposa Toyita, a sus hijas, nietos, yernos y sobrinos.

Las causas de su muerte son lo de menos. Ni su familia y muchos menos Arturo, esperaba este doloroso desenlace.

Arturo Luna deja un vacío muy grande. Sus sobrinas, Luna Vázquez, lo definen emocionadas hasta las lágrimas como ‘’Un hombre de verdad, cariñoso, divertido, solidario, tío entrañable, ejemplo de fortaleza y amor infinito’’.

A Toyita su compañera de vida, a sus hijas, a sus nietos, y a todos los miembros de su familia deja un tremendo legado de amor, por esto y muchos detalles más, estará por siempre presente en el corazón y en la mente de cada uno de ellos y de todos los que tuvimos oportunidad de conocerlo.

‘’Sólo tú corazón, si recuerdas mi amor, una lágrima llévame por última vez, y en silencio dirás una plegaria, y por Dios, olvídame después’’.



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